Para esta actividad se me requirió que relatara un suceso que considerara importante o decisivo dentro de mi vida. Sin embargo, mantengo la idea de que mi vida se define por condiciones persistentes más que por hechos aislados, y de cualquier manera, mi vida es bastante aburrida; de forma que en su lugar relataré un sueño que tuve unas noches atrás y no puedo quitarme de la cabeza.
Comenzaba conmigo bajando unas escaleras hacia un sistema subterráneo. Se trataba de una suerte de metro. Yo llevaba ropa abrigada aún cuando hacía algo de calor.
Llegué hasta el andén. más que un metro regular era algo así como una gruta grande en la que alguien había decidido poner una estación de tren. Estaba mal iluminada y los boleteros vestían casi como guardabosques. El tren iba hacia al norte.
Pasé una tarjeta por una terminal y subí al tren, y antes de que éste se comenzara a mover, me había quedado dormido.
Me desperté en la estación de la última parada. Alguien me había sacado del vagón dormido, por lo que parecía. Al menos mis cosas seguían conmigo.
Salí de la estación, mucho mejor construida que la primera. No había nadie, aunque fuera de día. Afuera era una especie de zócalo pequeño con un destacamento fronterizo. Tampoco había guardias.
Atravesé esa frontera desierta y me encontraba en una gran ciudad. Había algo oriental respecto de ella. No en el sentido tradicional, sino por la avasalladora cantidad de edificios enormes y grises alrededor. Tampoco había nadie aquí.
Caminé por lo que parecían un par de horas en la misma dirección hasta que vi personas. Sin embargo, eran dos grupos que tenían una confrontación. Yo ya estaba muy cerca cuando noté que tenían armas de fuego. Inmediatamente me refugié en un edificio. Ellos no me vieron.
Entonces hubo un tiroteo. Permanecí en ese lugar unos minutos más antes de ver que había sucedido.
Era obvio que ese lugar era peligroso, así que tomé una pistola pequeña de uno de los pandilleros, junto con su dinero. De todas formas, probablemente me dispararían primero.
Comencé a caminar en otra dirección. Entonces escuché música. Era un restaurante pequeño. Entré, y aunque todo estaba escrito en un idioma que no conocía, la mujer que atendía el lugar hablaba español.
Yo no tenía intención de averiguar lo que pasaba, así que sólo pedí algo de té y lo pagué. Me quedé dormido en la mesa. Cuando desperté de nuevo, lo había hecho en la realidad.
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